Huá Tuó nació a finales de la dinastía Han del Este. Era un gran médico que sabía cómo preservar la salud. Tenía el aspecto de un joven a pesar de su edad y era considerado por la gente de ese momento como una deidad. Sus dotes curativas divinas están registradas en los “Registros de los Tres Reinos, Biografía de Hua Tuo”.
Pidió permiso para regresar a su ciudad natal con el pretexto de que su esposa estaba enferma. Cao Cao intentó convocarlo posteriormente varias veces al palacio pero sin éxito. Cuando se enteró que no era verdad que su esposa estaba enferma, se ofendió tanto que hizo que lo encarcelaran y lo sentenció a muerte.
Funcionarios de la corte intercedieron por Huá Tuó. Ellos sintieron que el médico debía ser excarcelado y perdonado ya que podía salvar muchas vidas con sus magníficas habilidades curativas. Pero Cao Cao no cedió. Él pensaba que otros médicos estarían a su altura. Finalmente, Huá Tuó murió en prisión.
Cao Cao tras la muerte de Huá Tuó continuó sufriendo dolores de cabeza. Cuando el hijo de Cao Cao, Chong enfermó gravemente, Cao Cao lamentó con pesar haber acabado con la vida del médico: “Si no hubiese matado a Huá Tuó. Con ello he sellado el destino de mi propio hijo”.
Experto en Acupuntura y Cirugía
Huá Tuó era un experto en medicina tradicional. Solo necesitaba unos pocos tipos de hierbas y cuando Huá Tuó preparaba la medicina, ni siquiera tenía que pesar las hierbas.
Cuando se trataba de acupuntura, él podía curar a los pacientes administrando solo una o dos agujas. Antes de introducir una aguja en el paciente, le decía: “Avísame cuando puedas sentir la aguja”. Cuando el paciente podía sentirla, Huá Tuó sacaba la aguja y el paciente se sentía mejor.
Fue él quien descubrió los puntos de acupuntura Jiaji (Puntos Paravertebrales de Huá Tuó). Más tarde fueron conocidos como los Puntos Huatuojiaji.
También fue el primer y gran cirujano del país. Si el foco de la infección estaba en el cuerpo y no funcionaba ni la acupuntura ni la medicina, consideraba que la cirugía era necesaria. Huá Tuó le daba al paciente una forma líquida de anestesia para beber. Cuando el paciente poco después entraba en un estado inconsciente, abría su abdomen para remover la parte infectada, limpiaba el área y suturaba el abdomen antes de aplicar una crema a la herida. En cuatro o cinco días, el dolor desaparecería y el paciente se recuperaba completamente en un mes.
Por ejemplo hubo un paciente que tuvo un dolor de estómago por más de diez días. Se le caían las cejas y la barba. Huá Tuó diagnosticó que la mitad del bazo del paciente estaba dañado y le operó. Cuando el paciente tomó la solución anestésica y se acostó, abrió el estómago y descubrió que la mitad del bazo estaba dañado. Quitó la parte dañada y los tejidos muertos y le aplicó una crema medicinal. El paciente tomó una medicina oral después y se recuperó en menos de 100 días.
Enseñado por Seres Celestiales
Huá Tuó visitaba a menudo montañas famosas. Un día, llegó a una vieja cueva en el monte Gong Yi y escuchó voces. Alguien estaba discutiendo maneras de tratar enfermedades. Se acercó a la cueva por curiosidad y escuchó a alguien decir: “Huá Tuó está justo en la entrada. Trasmitamos las habilidades de sanación a él”.
Pero otra persona no estuvo de acuerdo. “A Huá Tuó no se le deben dar estas habilidades, ya que es una persona codiciosa con poca compasión”.
Huá Tuó se adentró en la cueva y vio a dos ancianos vestidos con ropas hechas de corteza de árbol y sombreros de paja. Se acercó a ellos y les dijo: “Estoy ansioso por aprender el arte de la curación, pero nunca conocí a un buen maestro. Por favor, enséñenme las habilidades porque soy sincero acerca de aprenderlas. No los decepcionaré”.
Los ancianos le respondieron: “Nosotros te impartiremos las habilidades de sanación, pero podría ser la causa de tu caída en el tiempo venidero. No discrimines a nadie por razón de su estatus social o de su riqueza, no seas avaro, ni te dejes intimidar por las dificultades. Entonces no te hará ningún daño”.
Huá Tuó agradeció a los ancianos y prometió tener en cuenta sus palabras.
Los viejos sonrieron y señalaron hacia un lecho de piedra. “Hay un libro en el lecho. Tómalo y deja la cueva de inmediato. No le muestres el libro a nadie”.
Huá Tuó cogió el libro y al darse la vuelta los viejos ya se habían ido. Salió corriendo de la cueva, y tan pronto como lo hizo, la cueva se derrumbó. El libro de la cueva contenía extrañas recetas que hacían maravillas.
Como hemos indicado al principio de esta historia Huá Tuó fue asesinado por Cao Cao antes de los 60 años. Las palabras de los ancianos se hicieron realidad.
Hoy, todavía hay muchos Templos conmemorando a Huá Tuó en sitios donde él había ayudado a la población.
En el 18º día del 4º mes lunar se le recuerda.




