Con motivo del Festival del medio Otoño, en el anterior post describimos a grandes rasgos su origen histórico, principales actividades festivas… Comentamos que existen varias leyendas acerca de su origen y hoy vamos a ampliar los detalles de una de las más famosas:
Chang’e y Hou Yi
La bella Chang’e vivía en el cielo junto a su esposo, el arquero Hou Yi. Un día los diez hijos del Emperador de Jade, señor de los cielos, se convirtieron en diez soles que abrasaron la tierra. El emperador trató de detenerlos, pero pudo hacer nada por evitar la catástrofe.
Solo encontró una solución: pedir ayuda al intrépido Hou Yi. El arquero disparó contra los incontrolados soles y sus flechas acabaron con la vida de nueve de ellos. Solo uno sobrevivió y desde entonces permanece solitario en el cielo viendo pasar los días.
El Emperador agradeció a Hou Yi que salvase la tierra, pero el precio que había tenido que pagar era demasiado caro. Por ello condenó al arquero y a su esposa a vivir en la tierra como mortales. Chang’e se sentía miserable en su nueva vida y languidecía poco a poco, apagándose como una vela. Hou Yi, temiendo por su amada emprendió un viaje plagado de peligros en busca del elixir de la inmortalidad, que les devolvería de nuevo a su hogar en el cielo. Tras muchas aventuras logró encontrar a la reina madre del oeste, que le entregó el elixir tras advertirle que cada uno debía tomar sólo la mitad para recuperar su inmortalidad.
Hou Yi regresó a casa y guardó el elixir en un cajón. Debía permanecer fuera por un tiempo aún y advirtió a Chang’e que no abriese hasta su regreso. Pero como suele ocurrir, la prohibición es la mayor invitación para hacer algo. Igual que la mujer de Barbazul con la puerta misteriosa, la joven empezó a obsesionarse con el cajón, hasta que un día, justo antes de que su marido regresase a casa, lo abrió y encontró el elixir mágico en su interior. Temiendo que Hou Yi la descubriese, se la bebió entera. De pronto, empezó a flotar hacia el cielo por haber tomado más de la cuenta. El arquero trató de dispararle para evitar que flotase demasiado lejos, pero no tuvo valor, la quería demasiado para causarle ningún daño.
Chang’e flotó hasta aterrizar en la luna. Allí lloró por la pérdida de Hou Yi, pensando que tendría que pasar el resto de la eternidad sola. Pero pronto descubrió que se equivocaba. En la luna vivía un conejo que se dedicaba a preparar elixires de vida, como el que había tomado ella. También descubrió otro compañero, un leñador llamado Wu Gang que había sido desterrado por los dioses como castigo por intentar conseguir la inmortalidad y que solo podría abandonar la luna cuando cortase el árbol que crecía en ella, algo que jamás ocurriría, pues cada vez que cortaba un pedazo, volvía a brotar otro al momento.
Mientras Hou Yi, que añoraba a Chang’e, preparó una mesa en el jardín de la casa que habían compartido y le entregó como ofrenda sus frutas favoritas. Cuando el pueblo supo que ella se había convertido en una diosa inmortal, decidió imitar a Hou Yi para pedirle paz y felicidad.
Desde entonces y hasta el día de hoy, en China y países que reciben su influencia se reúnen a mitad del otoño para celebrar este festival en honor de la señora de la luna.
Con respecto a esta leyenda existen numerosas variaciones en detalles de la historia, pero esta es una de las más extendidas.


